Mostrando entradas con la etiqueta recuerdo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta recuerdo. Mostrar todas las entradas

sábado, 18 de agosto de 2018

No me sueltes nunca



Muchas veces intentamos que nuestros amigos entiendan algo que realmente no es posible: a ver las cosas como nosotros, a ponerse las gafas de nuestra experiencia y juzgar a través de nuestros actos para aprender de esos errores que quizá ya cometimos en un pasado no demasiado lejano y que queremos evitar que ellos repitan. 

Pero nunca nos paramos a pensar, que el problema reside en nosotros, en llegar a asimilar que si ese amigo no ha reconocido la ostia terrible que está a punto de darse, es que todavía le faltan partes para completar la historia, para entender que la única combinación final no va a ser la más bonita, sino todo lo contrario, contra la pared y con los brazos bien abiertos para recibirla. Seguramente, descubrir esas partes que todavía se encuentran ocultas, compondrá una de las elecciones más dolorosas que alguna vez haya tenido que hacer en su vida. Pero entonces, y solo entonces, podrá ser capaz de completar el rompecabezas que tanto le atemorizaba y ver que hay personas que es mejor no cruzárselas en toda la vida, o que hay caídas evitables incluso con los ojos cerrados y el corazón en la mano. 

Pero claro, una vez que has vivido los hechos de esa manera, una vez que tú también has pasado por ese mismo aro que a veces se llena de fuego y otras, al pasar, te eriza la piel con su tacto frío, te es más fácil reconocer los momentos que no encajan, las caricias simuladas y los besos incorrectos. 

Por eso tú, como amigo indudable y fiel confidente, estarás ahí para apoyarle. Nada de decirle te lo dije, proque sus oídos todavía no te estaban escuchando. Es la oportunidad perfecta para mirarle a los ojos atentamente y decirle:

Te entiendo, porque yo también lo hice.

miércoles, 15 de agosto de 2018

Con los ojos cerrados



Con los ojos bien cerrados y el corazón guiando a la razón, me muevo por los impulsos que me dejan sin aliento. No busco perder el tiempo sino encontrarlo en cada efímero beso. Perseguir al destino no tiene sentido si él siempre irá dos pasos por delante, y mucho menos echarle la culpa de todos los fallos que cometo cada vez que tropiezo y me caigo de nuevo sin remedio.
No me importa apostarlo todo, si hay un atisbo de éxito. Porque quién no arriesga, no falla, y no pienso pasarme la vida dibujando pasos perfectos sobre la arena mojada. A veces miedo, otras euforia, pero nunca dejo que mi cuerpo dé un paso atrás, por si acaso al retroceder uno, pone la marcha atrás.
Puedes pensar que soy demasiado pequeña para mi estatura, o que todavía no he bailado suficientes veces con el diablo, pero yo me atrevo a pensar que todo a su debido tiempo. Y que si hoy te escribo, quizá mañana te borro. O si mañana te olvido, quizá pasado te añoro.



martes, 14 de agosto de 2018

Entre tú y yo


Hay distancias que duelen. Distancias que huelen a despedida. Distancias que asustan a primera vista. Y a segunda. Y esperas que no haya última. Distancias que funcionan y que son necesarias.
Hay distancias que con amigas se recorren en tres frases y cuatro risas. Y que cuando las tienes en frente, te das cuenta, de que no existían.
Y es que las distancias solo son excusas para aquellos que no quieren abrir los ojos y prefieren cerrar la boca. Que saben que la relación tiene punto final pero se esconden detrás de una coma. Palabras vacías que intentan expresar algo, que todavía lo está más.
Yo cometí el error de llamar distancia a lo nuestro, cuando los kilómetros no tenían la culpa, de que nosotros no quisiéramos recorrerlos. Parecía más fácil así. Y aunque de vez en cuando recorrimos esa distancia, nunca lo hicimos a la misma velocidad. Ese fue nuestro problema.
Yo fui demasiado rápido, y para cuando quise darme la vuelta, tú ya no estabas. Y la ostia fue bien grande. Pero no llegaste a verla. Ni tampoco pudiste levantarme del suelo, ni curarme las heridas. Y maldije a la distancia por haberte dejado tan lejos. Sin darme cuenta, de que la que lo había hecho, había sido yo.
Fui tan cobarde que aún hoy me asusta volver a serlo. Y por eso te dejé ir, aunque en realidad, tú ya te habías marchado. Convertimos nuestra distancia en un precipicio sin puente, y ninguno fuimos lo suficientemente valientes como para lanzarnos al vacío y decir lo que pensábamos. O mejor dicho. Lo que ya no sentíamos.
Pero te prometo, que ya no volveré a acobardarme tras una palabra vacía. Que seré valiente y llamaré a cada cosa por su nombre. Solo por lo que no fue, pero pudo haber sido.
La tuya y la mía se convirtió en una de esas distancias,

Insalvables.